Nuevo año escolar, nueva ciudad, nueva casa, nuevo blog con nuevas funcionalidades.

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Mi nueva casa

Como les había contado, desde hace varias semanas estaba considerando posibilidades para lo que viene ahora que el máster ha terminado. Barajé varias opciones, en Francia y en España, y lancé varias botellas a ver si algunas llegaban a alguna parte. Resultó que en Madrid hubo algunos indicios esperanzadores de que las cosas podían salir. Así que le aposté a Madrid. O sea, decidí hacer acto de presencia para que las cosas tuvieran más probabilidades de concretarse. Claro, sin dejar de seguir moviendo piezas por si las cosas salen también en otra parte. Así que aquí llegué directamente de Portugal, desde finales de junio, busqué un apartamento, me instalé. Luego volví a Barcelona y me traje una parte de mis cosas, aunque todavía me queda más de la mitad allá. Todo se irá decidiendo sobre la marcha según como vayan resultando las cosas.

Por lo pronto, le alquilé una habitación a una chica rusa. Tiene un apartamento de tres habitaciones. La otra se la alquila a un muchacho peruano. Ambos trabajan, el ambiente es súper tranquilo y ella es muy buena gente. Me dio muy buena espina desde que la conocí. De manera que aquí estoy pasando el verano, escondido en el apartamento y dedicado a todas las cosas pendientes que siempre acumulo para las vacaciones: actualización de computadores, copias de seguridad, actualización del blog, mantenimiento de mi sitio. Bueno, todo eso puede ocuparme completamente unas cuantas semanas. Además, me compré un escáner y digitalicé todos mis apuntes y material de clases de los tres años que llevo aquí, parece increíble pero ya tenía una maleta completa de papeles que iba cargando de ciudad en ciudad. Como verán, ocupación no me falta…

Afortunadamente mi habitación no da al exterior y estamos en un quinto piso en un edificio de diez. Así evito verle la cara al sol y no tengo que aguantar tanto bochorno. Cuando no tengo más solución y tengo que ir al supermercado, me armo y salgo a enfrentar el sol. Es que el calor y yo definitivamente nos entendemos poco…

Mi habitación:

Mi habitación

La cocina:

La cocina

Mi cuarto da al patio de luces. Ésta es la vista hacia arriba:

Vista arriba

Y ésta la vista hacia abajo:

Vista abajo

Bicentenario de la independencia de Colombia

Hoy 20 de julio se celebra el bicentenario de la independencia de Colombia. Muchas cosas se han organizado en Bogotá, a las que no podré asistir (a ver quién me cuenta cómo estuvo el espectáculo en la Plaza de Bolívar).

La Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte organizó el proyecto El Bicentenario se oye. 200 años de historia, 200 años de vida. Se trata de 200 cápsulas sonoras en que se abordan sucintamente distintos aspectos de la época.

Aquí van 3, sobre Bogotá. La primera sobre las viviendas:

La segunda sobre los servicios públicos:

Y la última sobre la estructura social:

Cierre de máster en el Algarve

Dos años duraba el máster. Tenía pinta de ser largo. Ya se acabó.

Junio era oficialmente el último mes del máster. Las clases habían terminado hacia abril y desde entonces habíamos estado completamente dedicados a nuestros trabajos de investigación. Redactar la tesis y entregarla para revisión de los directores, entregar la versión final para el jurado, escribir un artículo en inglés sobre el tema para posible publicación en otoño en una revista de la universidad, preparar la sustentación en inglés. Fueron un par de meses bastante atareados.

Poco a poco dejé de ir a la universidad a medida que terminaba los cursos de inglés y catalán. La verdad es que este segundo semestre me desgastaron mucho las madrugadas para llegar a las 8 todos los días a inglés. Además, entre idiomas y gimnasio me daban siempre las 2 de la tarde. El cansancio hacía poco productivas las tardes y el tiempo se me iba quedando corto. En cualquier caso, no deja de ser cierto que esos dos cursos fueron los más estimulantes de todo el año y que la inversión en idiomas siempre termina dando frutos. Inglés lo hizo muy rápidamente. Hace un año, para la presentación en inglés que hice en el congreso de Besançon, me sentía incapaz de escribir mi propia ponencia. Durante este año, logré volver activo parte de mi inglés pasivo y consolidé muchas cosas. Cuando llegó el momento, me senté con toda tranquilidad a escribir mi artículo y a preparar la presentación oral. De catalán tengo un certificado oficial de nivel B2 (el cuarto nivel de seis según el marco europeo), ya terminará sirviendo.

Así que terminé remplazando a la hemeroteca de la Autònoma con una biblioteca pública cerca de mi casa, a un par de cuadras, con todo lo necesario e incluso una terraza para estudiar al aire libre. Mis días fueron entonces mucho más relajados, podía empezar a las 10, volver a almorzar al apartamento (incluso a veces echarme una siesta) y estudiar luego hasta las 9.

Pero decía también que lo más estimulante que hice este año fue estudiar idiomas. Claro, es obvio que ésa ha sido siempre mi pasión número uno y era apenas natural que vivir en Cataluña se tradujera en una inmersión en el catalán. No lo desaproveché, fueron unas 450 horas de estudio. En cambio, por el lado del máster, las cosas me convencieron menos que en Besançon. Todo fue más disperso, el grupo tuvo menos cohesión.

Teníamos clases sólo dos veces a la semana y cada dos o tres semanas veíamos a un profesor nuevo. Al final tuvimos una pincelada de muchas cosas pero pocas oportunidades de encarretarnos con un tema. La prueba son mis apuntes, terminé con varios kilos de apuntes de primer año y sólo unas cuantas hojas de todo el segundo año. Y como yo ya tenía créditos de sobra de primer año y nada me enganchó de verdad, terminé haciendo sólo el mínimo de créditos que necesitaba.

Por el otro lado, el grupo nunca se formó, había demasiadas eslavas excluyendo a los que no hablábamos ruso y los que veníamos de Francia excluimos a los demás porque no parábamos de hablar francés. En el medio, quedaron los que no hablaban ni ruso ni francés y que nunca se integraron. Todos repartidos además entre el campus y la ciudad y con múltiples distracciones, por lo que tampoco teníamos tantas razones para compartir como nos pasó el año pasado en Besançon.

Por el lado de mi tema de investigación, fue algo similar. Empecé un tema sugerido por los profesores de primer año con el que siempre tuve conflictos pasionales. Me parecía interesante pero no me convencía la manera en que ellos lo abordaban. Tuve eternas discusiones conmigo mismo (puesto que con mi directora era casi misión imposible) tratando de verlo de una manera que me convenciera. Pero ni el tema logró convencerme a mí, ni yo hice lo suficiente para enfocarlo de otra manera. La verdad es que terminé capitulando. Con el cambio de ambiente y todas las nuevas distracciones que tuve, y habiendo tomado la decisión de no regresar a Besançon a hacer el doctorado, terminé haciendo lo que me sugirieron en Barcelona, a sabiendas de que me iba a ganar unos cuantos problemas.

Claro, escribiendo no me va mal y me di mañas para hacer un trabajo de 100 páginas en que, con mucha retórica, mostraba que entendía lo que hacían en Francia, creaba todo un marco para mi propuesta y mostraba luego como lo que hice en España me había servido para consolidar mi propuesta. Pero la retórica no es más que retórica, una propuesta es sólo una propuesta y yo me quedé en el papel. A todos los profesores en España les gustó mi trabajo, mis dos supervisoras quedaron contentas, el jurado quedó impresionado por el francés. Pero mi directora en Francia quería implementación, quería cosas prácticas, quería programación, quería que le hiciera el sistema que estaba necesitando y que me quedara haciendo el doctorado allá, y pues no le gustó que no fuera así.

A lo hecho, pecho. A pesar de que la mayoría de mis compañeros quedaron con un sentimiento de descontento, este máster reunía las dos cosas que siempre más me han gustado, los idiomas y los computadores. Yo digo que bien encaminado hay salidas interesantes, se trata de saberlas buscar. Para mí, del máster me queda, aparte de la experiencia con dos sistemas educativos y de todos los contactos interculturales, un título con mención très bien a pesar del lunar en el certificado de notas en que se ve un 15/20 de investigación al lado de un reguero de 18/20 y 19/20 en las materias. Lo importante ahora es lograr encontrar un tema que me apasione para el doctorado. Un máster en investigación es más un ejercicio que una verdadera investigación, es explorar las habilidades que se tienen y demostrar que se es capaz de investigar. Pero ahora, para este casi matrimonio de tres años que es el doctorado, necesito sentir mucha química con el director y con el tema, para poderme meter a tope. En eso estoy, en esa búsqueda…

Y esperando que haya novedades que contarles, pues me dedicaré a mostrarles fotos de la semana en el Algarve. Es que, como entre las universidades que organizaban el máster estaba la del Algarve, en el sur de Portugal, pues decidieron organizar el cierre allá (sobre todo para hacer un poco de publicidad, digo yo, ya que los pobres no tuvieron más estudiantes que los que venían de Brasil).

Aquí voy yo, rumbo a Faro, con chica serbia a mi izquierda y chica polaca a mi derecha.

De Madrid a Faro

Llegamos a Faro con tiempo. Teníamos un día completo antes de las presentaciones. Todos teníamos todavía cosas que terminar de preparar. Ese día estuvimos encerrados toda la mañana, cada cual con su portátil, mirando sus diapositivas o recitando mentalmente toda la cháchara que teníamos que decir. Claro, como la cosa era en inglés, yo la practiqué no sé cuántas veces. Sin público, con público, sin nativos, con nativos, bueno, todo lo que se pudo.

Faro: preparándome

Por la tarde decidimos darnos un descanso y fuimos a dar una vuelta por un centro comercial.

Faro: en el centro comercial

Las presentaciones duraban dos días enteros. Yo estaba entre los que empezaban. Así que ese día nos emperifollamos todos los que presentábamos y salimos para el campus, a una media hora del centro. El bus se fue llenando con gente conocida y desconocida. Venían los que habían empezado en Francia con nosotros y que habían hecho el segundo año en Inglaterra. Luego toda la gente que no conocíamos que había empezado en Portugal, España o Inglaterra. Estábamos todos en distintos hoteles de Faro pero íbamos todos para el mismo sitio.

Faro: camino a la sustentación

Por la mañana se presentaron Zuzanna, la primera a la izquierda, y Tessa la tercera. Por la tarde íbamos Gisela y yo. Parecía que nos hubiéramos puesto de acuerdo para vestirnos todos de negro. Era nuestro duelo por los dos años que se nos acababan…

Faro: los del funeral

Sacaron muchas fotos de toda la promoción, no sé si en alguna habremos quedado todos los que éramos y sólo los que éramos. Ésta es una de ésas, hay algunos colados de primer año, algunos que no estaban en el máster, pero la mayoría éramos los de segundo año, aunque faltan otros tantos también.

Faro: promoción

El fatídico momento al fin llegó. Presenté mi trabajo. Con una pequeña metida de pata en un momento en que me perdí en mi guión, me salté una parte y cuando entendí lo que pasaba tuve que devolverme. La cosa desubicó a la gente pero no hubo más tropiezos. Terminé, respondí las preguntas en inglés y respiré por fin aliviado.

Faro: sustentación

Los que presentamos el primer día decidimos decretar que nuestras vacaciones habían empezado y salimos esa misma noche a celebrar mientras los demás se quemaban las pestañas preparándose para el segundo día. Aquí estamos unos cuantos en una placita en el centro de Faro tomándonos la cerveza más barata que jamás hayamos pagado, como 70 u 80 céntimos, una ganga.

Faro: sacando estrés

El segundo día de las presentaciones la mitad de los asistentes sólo estábamos corporalmente en esa sala, el suplicio ya había terminado, sólo restaba hacer acto de presencia. No puedo contar qué pasó ese día. Sin embargo, las fotos, que no mienten, me muestran mirándome las uñas o mirando el vacío, en cualquier otro mundo. Pero que no se me reproche nada, hay fotos que incriminan también a los profesores, algunos no paraban de trabajar en sus portátiles o, incluso, hay un video contundente que muestra a la mismísima coordinadora del máster (mi señora directora, por cierto) cabeceando en medio de una presentación. A pesar de todo, me abstendré de presentar cualquier prueba aquí y paso directamente a la inauguración de las vacaciones esa misma noche.

Aquí estamos ya con algunas caipiriñas encima. Bueno, yo tengo algo más que unos tragos encima. Tengo a Tessa, la irlandesa, mi compañera más cercana durante los dos años de máster. Y la otra es Mathylde, la francesa del grupo.

Faro: de fiesta

Ésta era la pandilla completa. Tessa a mi derecha, Mathylde a mi izquierda, Zuzanna (la polaca) detrás mío y Ekaterina (la rusa) al fondo. Nosotros cinco éramos los insoportables que no parábamos de hablar francés (excepto Mathylde, los otros cuatro habíamos estado juntos en Besançon). Tessa era la única que intentaba hablar español y siempre había alguien que encontraba ipso facto la manera de volver al francés. Gisela, la morenita de la derecha, tiene el mérito de haber sido la única que no hablaba francés que logró aguantarnos todo el año e integrarse con nosotros, aunque más de una vez se le saltó la piedra por sentirse excluida. Al final era nuestra única razón para hablar español.

Faro: de fiesta

A Gisela la despedimos esa misma noche, los papás habían venido a visitarla y ya se iban para Italia y Bélgica antes de regresar a México. Esto fue en la discoteca un poco antes de acompañarla al taxi (obviamente a partir de ese momento no se volvió a hablar español).

Faro: despedida

El farniente fue nuestra principal ocupación a partir del día siguiente (aunque nos quedaba pendiente la clausura oficial del máster para esa noche). Éste soy yo en Internet (es que estábamos en un albergue juvenil en el que tenían problemas con el wifi, así que íbamos al parque del lado para utilizar el wifi municipal).

Faro: en internet

Ahora que tuvimos tiempo para ver la ciudad, terminé encontrando algo que me había gustado mucho en Lisboa, las fachadas de azulejos. Los azulejos los trajeron los árabes al conquistar la península. El primer foco de producción estuvo en el sur de España, Sevilla fue punto de referencia. Pero con el tiempo llegaron a Portugal, donde se implantaron y se volvieron también toda una tradición. Tal vez no haya fachadas tan impresionantes en Faro como en Lisboa, pero algunas vimos.

Faro: fachada de azulejos

Ésta es la puerta que lleva al casco antiguo de Faro.

Faro: Arco da Vila

Y ésta es otra imagen típica. Los nidos de cigüeñas. Éstos están en la misma puerta de antes.

Faro: nido de cigüeñas

Una panorámica de la plaza de la Catedral, aquí se ve el palacio episcopal.

Faro: Plaza de la catedral

La catedral y los naranjos.

Faro: catedral

Más azulejos, éstos dentro de la catedral.

Faro: azulejos en la catedral

En el campanario de la catedral.

Faro: en el campanario de la catedral

En el campanario también, con Ekaterina, Sinh (la vietnamita) y Charlotte (la taiwanesa, que obviamente tiene un nombre mucho más difícil y decidió rebautizarse en Europa). Sinh y Charlotte habían estado en Inglaterra y no nos veíamos desde Besançon.

Faro: en el campanario de la catedral

Faro no da directamente al mar, hay toda una zona de bancos de arena que la separa del mar, es un parque natural.

Faro: bancos de arena del parque natural de Ria Formosa

Con Sinh.

Faro: en el casco antiguo

Aquí voy yo, orgulloso, recién salido de la tienda de recuerdos con todas mis postales de la ciudad.

Faro: con mis postales

Una vez hecho el tour de rigor por el pueblito blanco, a las muchachas no les podía faltar ir a la playa a achicharrarse un poco. Como decía, Faro no tiene mar, así que para ir a la playa es una media hora de camino, y quedamos más bien decepcionados. El agua bastante fría, mucho viento y no muy bonita la playa además. Lo importante es que había sol, supongo. Ahí donde la ven, Zuzanna, la que esta echada con el pañuelo verde en la cabeza, estuvo no sé cuánto tiempo así sin haberse echado crema, terminó como un pollo asado, tuvo que echarse yogur en las piernas por la noche para calmarse (prometí no publicar las fotos, ¡pero fue muy divertido!). Y no fue la única, a las masoquistas les gusta tostarse la piel…

Faro: playa

Ésta era la última dosis de máster que nos quedaba. El tercer día por la noche nos daban los resultados, nos sometían al escarnio público. Sí, es que hicieron una clasificación de todos los estudiantes y fueron llamándonos a todos como en un reinado de belleza, desde la más fea hasta la reina. Nos daban un papel que certificaba que habíamos terminado, con la calificación y la posición. Yo quedé de noveno. Y aquí me lo entrega el único profesor español que se quedó hasta ese momento. Ya verán que yo me había declarado contra viento y marea en vacaciones y me negué a vestirme mejor.

Faro: ceremonia final

Superado el último trago, al día siguiente nos fuimos para Albufeira. La región en realidad no tiene mayor encanto a parte del clima y las playas. Por estar tan al sur, tan cerca del Mediterráneo, tienen las aguas más cálidas de Portugal y las temperaturas son más altas. El resto del país da al Atlántico y es mucho más fresco, incluso en pleno verano. Así que aquí la gente viene a veranear. Playa, sol y mar. Seguro encontrarán también algo los que hacen turismo más de naturaleza. En cuanto al ambiente, es como en el resto de Portugal, mucho menos animado que en España, con horarios que empiezan y terminan más temprano también que en España, algo como el sur de Italia. Las ciudades no son feas, casitas chiquitas, blancas, pero nada especialmente llamativo excepto las fachadas de azulejos que se ven de vez en cuando. Alfubeira entra en la misma categoría, sólo que es una de esas ciudades de mentiras, hechas para turistas, y en este caso para turistas extravagantes del norte de Europa. En resumen, nada que me mate a mí.

Aquí vamos camino a nuestro destino principal: la playa.

Albufeira: compañeras

La playa.

Albufeira: playa

Como para mí la dosis de playa del día anterior ya había sido más que suficiente, tan pronto como ella se instalaron, yo me fui a dar una vuelta por el pueblo, a constatar que efectivamente no había nada interesante que ver (claro, como todos querían playa no me hicieron caso de ir a ver Tavira, por ejemplo, que tenía mucho más interés que Albufeira).

Albufeira: pueblo

Si al caso me topé con una iglesia bonita.

Albufeira: iglesia

Nuestra siguiente parada fue Lagos. Un pueblo más al occidente que Faro. Obviamente yo fui el primero en levantarme, bañarme, vestirme… Aquí estoy ya leyéndome todo lo que hay que saber mientras espero que las muchachas se desperecen y bajen con el tiquete para poder desayunar.

Lagos: albergue

Sólo quedábamos el grupito que nos conocimos en Francia más Mathylde, de todo el resto ya nos habíamos despedido. No hay nadie nuevo en esta foto.

Lagos: grupo

Lagos es otro pueblo blanco, un poco más auténtico que Albufeira. Éste da a la desembocadura de un río.

Lagos: casco antiguo

También hay fachadas de azulejos.

Lagos: fachada de azulejos

Lagos: fachada de azulejos

Y también hay nidos de cigüeñas.

Nido de cigüeña

Paseándonos por el casco antiguo.

Lagos: grupo

Hacia el sur de Lagos hay una serie de acantilados que les dicen la Punta de la Piedad. Es uno de los atractivos turísticos de la ciudad. Así que alquilamos una lancha, con un guía que no dijo ni mu hasta que le pedimos explicaciones y al final se dedicó a mostrarnos piedras y decirnos que se parecían a la reina de Inglaterra, al Titanic o a un elefante. Apasionante. Pero el paisaje era muy bonito.

Lagos: Ponta da Piedade

Lagos: Ponta da Piedade

Lagos: Ponta da Piedade

Lagos: Ponta da Piedade

Después del paseo en lancha, un poco de caminata por la ciudad. Ésta es la fortaleza de Punta de Bandeira.

Lagos: fortaleza de Ponta da Bandeira

Con el mar al fondo.

Lagos: con el mar

Tomándonos una cerveza para matar el tiempo cuando ya no había más que hacer.

Lagos: una cerveza

El último día fuimos más al oeste todavía. A Sagres, un pueblo todavía más chiquito en el que había todavía menos que ver. Creo que lo interesante se limitaba a la fortaleza de Sagres, en la que había una iglesia y otra cosa que ni siquiera entramos a ver porque no parecía valer lo que costaba.

Ponta da Sagres: fortaleza de Sagres

Bueno y claro, más playas y acantilados.

Sagres

Sagres: playa

Lo interesante de ir a Sagres era sobretodo que estaba muy cerca del Cabo San Vicente, que es la extremidad sur occidental de Europa. Por cuestiones de transporte en realidad no tuvimos ni un cuarto de hora para verlo. Bajamos del bus, sacamos algunas fotos y corrimos a coger el mismo bus porque el siguiente pasaba a las no sé cuántas horas.

Éste es el faro del cabo.

Cabo San Vicente

Y éste soy yo en el extremo suroeste de Europa, con mucho viento y bastante fresco.

Cabo San Vicente

Y éste es todo el cabo visto desde Sagres.

Cabo San Vicente desde la Punta de Sagres

Zaragoza

Principios de junio, a algunos días del inicio oficial del verano, una escapada corta a Zaragoza, entre preparaciones para la sustentación del trabajo de investigación del máster. Zaragoza es una ciudad chiquita, poco menos de 700 mil habitantes, a medio camino entre el Cantábrico y el Mediterráneo cerca de la frontera francesa. Aún no hacía mucho calor, pero el tiempo estuvo bastante asoleado.

Éste es el mercado:

Zaragoza: mercado

Y éste es César Augusto delante de las ruinas de las murallas romanas:

Zaragoza: murallas

Ésta es la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, el templo barroco más grande de España empezado a construir en el siglo XVII y terminado en el XX. En el interior, entre otras cosas, frescos de Goya.

Zaragoza: Basílica del Pilar

En la misma plaza, la Catedral del Salvador, comúnmente conocida como la Seo, está construida sobre los restos de la mezquita de la ciudad musulmana. Es un edificio bastante ecléctico que mezcla románico, gótico, mudéjar y barroco. Aquí se ve la fachada de un barroco neoclásico y el campanario barroco.

Zaragoza: Catedral de San Salvador

Ésta es la otra cara de la Seo, es el muro de la Capilla de San Miguel Arcángel, en estilo mudéjar aragonés.

Zaragoza: Catedral de San Salvador

En la plaza de las Catedrales, con la Lonja y la Seo de fondo:

Zaragoza

San Juan de los Panetes es una iglesia reciente, del siglo XX, con una torrecita inclinada.

Zaragoza: Iglesia San Juan de los Panetes

El nombre de Zaragoza parece derivar, a través del árabe, del nombre que recibió la ciudad romana, Caesaraugusta, la única con el nombre completo del emperador. Ésta es una reconstrucción de lo que debía ser el foro:

Zaragoza: Foro de Caesaraugusta

Las ruinas del teatro:

Zaragoza: Teatro de Caesaraugusta

Y esto es el Ebro con la Basílica del Pilar al atardecer.

Zaragoza: Río Ebro y Basílica del Pilar

Gran actualización de Barcelona

Tras una larga desaparición de más de tres meses, aquí va un gran mensaje con muchísimas fotos. Estos últimos meses estuvieron principalmente dedicados al trabajo (ya era hora, después de los altibajos de productividad que tuve hasta marzo). Pero de eso no les hablo todavía, ya vendrán en unos días un balance del año y las fotos de cierre de máster en Portugal. Por ahora, me dedico a contarles lo que fue de mí en Barcelona estos últimos meses.

De calçotada

Los calçots, que son una comida típica de Cataluña en invierno y principios de primavera, no son más que un tipo de cebolletas que cultivan aquí para comérselas asadas en esta época. La calçotada en cuestión, pues, se refiere al evento social en el que se reúne la gente a comer calçots. A principios de marzo estuve de calçotada, de ahí vienen las fotos que siguen.

El ritual es un poco particular y requiere cierta disposición de los participantes, o al menos un cierto desenfado. Resumiendo, las cebolletas se ponen a asar directamente sobre la brasa:

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

Claro, al salir del asador, el exterior de la cebolleta está completamente achicharrado y tiznado. Se ponen las cebolletas en manojos y se envuelven en papel periódico para que no se enfríen. Aquí es donde uno va y coge su paquetico de cebolletas. Y entonces, gente como yo, nos sentamos en la mesa, desenvolvemos el manjar y nos preguntamos si seremos capaces de comérnoslo.

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

El ritual, como decía antes, tiene todo un carácter social, o al menos la calçotada en la que yo estuve, para la que habían sellado toda una calle de lado a lado e instalado mesas para unas cuantas decenas de personas.

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

El procedimiento a partir de este momento es simple: mirar como los autóctonos se comen sus calçots y constatar cómo uno es incapaz de hacerlo con la misma facilidad. Primero, con las manos, hay que quitar la parte carbonizada de la cebolleta. De un solo tirón, los habituados arrancan la capa calcinada de arriba a abajo. En cuanto a los principiantes, la operación es toda una peripecia.

Barcelona: calçotada


Barcelona: calçotada

En cualquier caso, queda luego la pulpa de la cebolla, que se moja en una salsa, la salvitxada, que lleva ajo, tomate, almendras, avellanas, pan, aceite de oliva y sal:

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

En este punto, el arte consiste en comerse la cebolleta sin chorrearse de salsa. ¡Arriba y adentro!

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

Del sabor no haré comentarios, con lo amante que soy de comer hierbas, no sabría ser objetivo al hablar de comer cebolletas… Así pues que pasemos a las implicaciones del acto. Uno: un completo reguero de salsa en la mesa, en la ropa y hasta en el pelo.

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

Dos: todos tiznados de hollín a más no poder.

Barcelona: calçotada

Barcelona: calçotada

De concierto

Mismo día de los calçots, después de la limpieza de rigor, a algunos kilómetros de distancia: concierto de los Cranberries, reunidos de nuevo después de algunos años para una gira.

I know I felt like this before
But now I’m feeling it even more
Because it came from you

El escenario:

Cranberries

Dolores:

Cranberries

Y la compañía:

Cranberries

Con visita

Barcino (pronúnciese /bárkino/) era el nombre de la ciudad romana en lo que ahora es Barcelona y que tuvo una cierta importancia aunque fue más discreta que Tarraco (véase el post sobre Tarragona) y Caesaraugusta (post por venir). De Barcino quedan bastantes ruinas que se pueden visitar en un recorrido subterráneo bastante amplio. Pero bueno, ese no es el tema de esta parte. El asunto aquí es que a principios de abril vino un amigo francés que conocí en la emocionante ciudad universitaria de Besançon a visitarme y a conocer Barcelona. Aquí van algunas de los cientos de fotos que el muchacho tomó en 6 días (sí, ya sé que usé criterios bastante narcisistas para la selección de las fotos).

Barcino:

Barcelona: Barcino

Barcelona: Barcino

Yo con la “o” de Barcino :=) (y mi amada guía):

Barcelona: Barcino

Barcelona: Barcino

Yo en la playa de la Barceloneta:

Barcelona: Barceloneta

Barcelona: Barceloneta

Yo en el lago del Parque de la Ciudadela, cerca de mi casa:

Barcelona: Parque de la Ciudadela

Barcelona: Parque de la Ciudadela

François y yo en el Bosque de las Hadas… (ajá, es sólo un bar):

Barcelona: Bosque de las Hadas

Barcelona: Bosque de las Hadas

Yo contemplando Barcelona desde la colina de las Tres Cruces en el Parque Güell:

Barcelona: parque Güell, colina de las Tres Cruces

Barcelona: parque Güell, colina de las Tres Cruces

Yo en el banco ondulante del Parque Güell:

Barcelona: parque Güell

Barcelona: parque Güell

Yo en una fuente del Parque Güell:

Barcelona: parque Güell

Barcelona: parque Güell

Yo en el Pórtico de la Lavandería del Parque Güell:

Barcelona: parque Güell

Barcelona: parque Güell

Yo descansando en un banco del Parque Güell:

Barcelona: parque Güell

Barcelona: parque Güell

Yo con mis infaltables mapa y folleto que me leo siempre de pa a pa, en el parque del laberinto de Horta:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

François y yo posando para la foto en el parque del laberinto de Horta:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

El laberinto del parque del laberinto de Horta:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Hmm, yo perdido en el laberinto:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Yo habiendo sobrevivido al laberinto:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

El laberinto en toda su extensión:

Barcelona: parque del laberinto de Horta

Barcelona: parque del laberinto de Horta

El gato de Botero en la Rambla del Raval:

Barcelona: el gato de Botero en la rambla del Raval

Barcelona: el gato de Botero en la rambla del Raval

Una perspectiva desde la Plaza de España: desde la fuente en el centro de la plaza hasta el Museo Nacional de Arte de Cataluña, con una de las torres venecianas:

Barcelona: Plaza España

Barcelona: Plaza España

El Tibidabo de día (en otro post se veía de noche):

Barcelona: Tibidabo

Barcelona: Tibidabo

Panorámica de Barcelona desde el Tibidabo:

Barcelona: desde el Tibidabo

Barcelona: desde el Tibidabo

François, Barcelona y yo desde el Tibidabo:

Barcelona: desde el Tibidabo con François

Barcelona: desde el Tibidabo con François

Las 4 columnas de la Universidad Autónoma relacionadas al parecer con las columnas de Puig i Cadafalch que estuvieron a principios de siglo XX en el Montjuïc y demolidas por ser símbolo del catalanismo:

Universidad Autónoma de Barcelona

Universidad Autónoma de Barcelona

Esto es Sitges, un pueblito cerca de Barcelona:

Sitges

Sitges

Sitges

Sitges

Yo hundiéndome en la arena de la playa de Sitges:

Sitges

Sitges

Mi sombra mientras me hundo en la arena:

Sitges

Sitges

Yo bronceándome:

Sitges

Sitges

Yo harto del sol después de haberme bronceado unos 15 minutos:

Sitges

Sitges

Yo y el mar:

Sitges

Sitges

Esta última fue el día después de que François se fue… un paseo dominical hasta el hotel Vela:

Barcelona: hotel Vela

Barcelona: hotel Vela

De cumpleaños

Como recordarán, mi ponqué de cumpleaños llegó demasiado adelantado y un poco deformado. Así que me puse en la tarea, con mi asistente de cocina, de preparar otro para mi cumpleaños. Al final se nos pasó la fecha y lo hicimos con algunos día de retraso.

Aquí mi asistente en plena faena de decoración:

Mi ponqué de cumpleaños

Aquí el resultado:

Mi ponqué de cumpleaños

Y aquí antes de meterle diente:

Mi ponqué de cumpleaños

Pueblitos catalanes

El año avanza. Ya llega de nuevo la primavera. Una primavera que esperaba en todo caso con menos ansia que las últimas, ya que este último invierno, después de los dos que pasé en Besançon, lo viví como una cuasi primavera constante. Igual, no dejan de ser reconfortante los brotes de los plátanos, los días que se alargan y las temperaturas que se suavizan aun más. Es uno de los momentos perfectos del año, en el que aún se puede sentir ligeramente algo de frío, como en Bogotá, y antes de que los días se alarguen exageradamente y mi reloj biológico se descuadre totalmente, antes del calor sofocante del verano barcelonés.

Es buen momento también para viajar. Mis impulsos constantes de escapada se han calmado muchísimo desde que estoy en Barcelona. Supongo que es gracias a la multitud de estímulos que tienden a mantener mi mente activa. Algunos dirían que esto es terreno para la dispersión. Para mí fue saludable. Y aunque nunca hay que decir “de esta agua no beberé”, en este momento la idea de volver a Besançon para hacer un doctorado está entre las últimas posibilidades. Sería un retroceso difícil de llevar después de haber recuperado un estado de ánimo similar al que tenía en Bogotá. Claro, rechazar esa posibilidad implica tocar en otras puertas. Y el momento de hacerlo ya llegó. Estoy en eso. Ya les contaré cuando sepa con certeza qué será de mí…

Pero a lo que iba es a que, aunque mis pulsiones viajeras han perdido protagonismo, las circunstancias se han dado últimamente para al menos salir un poco de Barcelona y visitar la región. Este último fin de semana estuve en varios pueblitos. Aquí va un recuento de los dos días de viaje.

La primera parada fue un pueblito a unos 100 km al norte de Barcelona y al que se llega serpenteando mientras se sube hasta 800 metros sobre el nivel del mar. Rupit, así se llama, es una miniatura de unos 300 habitantes. En el núcleo medieval todas las casas y calles están hechas de piedra. Algunas vistas:

Rupit: panorámica.

Rupit: panorámica.

Rupit: panorámica.

Rupit: panorámica.

Rupit.

Rupit.

La iglesia es de estilo barroco-neoclásico.

Rupit: iglesia.

Rupit: iglesia.

Y esto es en el puente colgante.

Rupit: puente colgante.

Rupit: puente colgante.

Después de una mini-excursión por los alrededores del pueblo, rumbo a Castellfollit de la Roca, otro pueblito más grande pero bastante curioso. Éste tiene unos 1.000 habitantes pero la ciudad vieja está situada en un riscal.

La cuestión es que dos erupciones volcánicas se superpusieron hace miles de años. Luego, dos ríos fueron erosionando poco a poco los restos volcánicos dejando en el centro un hilito de roca de 50 metros de alto y un kilómetro de longitud. En ese peñasco se construyó la ciudad medieval esencialmente con piedra volcánica. En el extremo está la iglesia renacentista con un campanario que hace de mirador y una plaza detrás, antiguo cementerio, que domina todo el valle.

En cuanto al nombre (en catalán), una de las versiones dice que el aspecto del peñasco dio lugar a lo de Castillo porque parece una fortaleza y que las formaciones de basalto, al parecerse a hojas alargadas, hacían pensar en el follaje de un árbol. Esto se vería en la panorámica si las condiciones luminosas hubieran estado a nuestro favor.

Castellfollit de la Roca: panorámica.

Castellfollit de la Roca: panorámica.

Y éste es el ancho del pueblo, caben 2 o 3 casas antes del precipicio a cada lado.

Castellfollit de la Roca: desde el campanario.

Castellfollit de la Roca: desde el campanario.

La tercera parada no se quedaba atrás en encanto. Era Besalú, un pueblito bastante cercano a la frontera con Francia, a menos altitud, 150 m, y más grandecito, con más de 2.000 habitantes. Este pueblito medieval surgió alrededor del Castillo de Besalú hacia el siglo X. Su importancia radica en su unidad como conjunto medieval, uno de los más importantes de Cataluña. Esto es antes de atravesar el puente para entrar en la ciudad.

Besalú.

Besalú.

El puente en toda su extensión.

Besalú: puente.

Besalú: puente.

Besalú: puente.

Besalú: puente.

La iglesia.

Besalú: iglesia.

Besalú: iglesia.

Y ésta es la Silla por la Paz. Por pura coincidencia íbamos pasando por el lado, cuando, en pleno acto de donación, todo en catalán obviamente, el tipo este empezó a hablar en español con acento paisa explicando las razones y los años que lo habían llevado a concebir esta silla, por la paz de Colombia pero no solamente.

Besalú: cadira per la pau de Duván.

Besalú: cadira per la pau de Duván.

El segundo día estuvo dedicado a Cadaqués, un pueblito costero de unos 1.800 habitantes, todo blanco, rodeado de olivos y aislado durante mucho tiempo del resto de Cataluña por las montañas. Aunque durante mucho tiempo sólo se llegaba en barco, a principios del siglo XX se hizo famoso gracias a artistas como Ernst, Éluard o Magritte. Dalí pasó aquí parte de su infancia y adolescencia y de ahí surgió la inspiración de muchas de sus obras. Así se ve el pueblo.

Cadaqués: panorámica.

Cadaqués: panorámica.

Cadaqués: pueblo y yo.

Cadaqués: pueblo y yo.

Esta es la Casa Azul construida en 1910.

Cadaqués: casa azul.

Cadaqués: casa azul.

Los plátanos recién despertándose del aletargamiento invernal.

Cadaqués: paisaje invernal.

Cadaqués: paisaje invernal.

Techos y chimeneas, tema recurrente de mis fotos.

Cadaqués: techos.

Cadaqués: techos.

En los años 30, Dalí y su esposa, Gala, compraron algunas casas de pescadores en Portlligat, un pueblito a un kilómetro de Cadaqués. Durante años la fueron estructurando de forma laberíntica y decorándola con su estilo. Después de huir a Estados Unidos en 1940 a causa de la Segunda Guerra Mundial, en 1949 volvieron a Cataluña y se instalaron definitivamente aquí. Hasta la muerte de Gala, a principios de los 80. Dalí volvió entonces a Figueras, donde había nacido, y murió ahí en 1989.

Éste es el recibimiento al entrar en la casa.

Casa Dalí: vestíbulo del oso.

Casa Dalí: vestíbulo del oso.

En el taller se ven dos obras inconclusas de Dalí.

Casa Dalí: obra inconclusa.

Casa Dalí: obra inconclusa.

Un reloj caracol de Tiffany’s.

Casa Dalí: reloj caracol.

Casa Dalí: reloj caracol.

Por esa ventana entraban los primeros rayos del sol en la madrugada. El espejo a la izquierda servía para reflejarlos hacia la cama de Dalí. Por la ubicación de Portlligat, Dalí presumía de ser el primer español en ver el amanecer.

Casa Dalí: amanecer.

Casa Dalí: amanecer.

Aquí llegaban los reflejos del amanecer.

Casa Dalí: dormitorio.

Casa Dalí: dormitorio.

Este era el salón de los pájaros con la jaula para los canarios. Fíjense en la mancha negra en la pared, a la derecha de la ventana, arriba de la matera en el segundo escalón.

Casa Dalí: salón de los pájaros.

Casa Dalí: salón de los pájaros.

Pues esa mancha era la jaula del grillo. Al señor le gustaba escuchar los grillos.

Casa Dalí: jaula de grillo.

Casa Dalí: jaula de grillo.

Esto es desde el palomar. Vista al mar. Huevos en los techos, como en el Museo-Teatro de Figueras, símbolo de fertilidad.

Casa Dalí: palomar.

Casa Dalí: palomar.

El Cristo de las basuras.

Casa Dalí: Cristo de las basuras.

Casa Dalí: Cristo de las basuras.

Un lavabo en el patio.

Casa Dalí: patio.

Casa Dalí: patio.

Sant Miquel del Fai

Esta salida es de mediados de marzo. Se trata del Monasterio de Sant Miquel del Fai, a unos treinta y pico de kilómetros al norte de Barcelona, hacia el interior.

La fundación del monasterio remonta al siglo X y fue construido en un despeñadero rocoso. En esta panorámica se ve una de las cascadas y la casa del Priorato, de estilo gótico catalán, y que terminó convertida en casa de eventos para todo tipo de celebración…

Sant Miquel del Fai: panorámica.

Sant Miquel del Fai: panorámica.

Aquí se ven mejor las dos cascadas. La de la izquierda es del río Tenes y la de la derecha del río Rossinyol después de haber pasado por encima de la iglesia, las dos van a unirse en el valle.

Sant Miquel del Fai: panorámica.

Sant Miquel del Fai: panorámica.

La iglesia de San Miguel es del siglo X y de estilo románico. Lo que la hace única es el hecho de haber sido construida completamente en una cueva que le sirve de techo y paredes. Como decía, la cascada pasa por encima de la iglesia, o sea que aquí hay que imaginársela dentro de la gruta detrás del muro que se ve al fondo y que hace de fachada.

Sant Miquel del Fai: iglesia de San Miguel.

Sant Miquel del Fai: iglesia de San Miguel.

Un poco después de la iglesia hay una escalera (que se alcanza a ver en las panorámicas con algunos esfuerzos) que baja hacia la cueva de San Miguel. Esta cueva la descubrieron en 1847 y acaba en un pequeño lago subterráneo.

Sant Miquel del Fai: cueva de San Miguel.

Sant Miquel del Fai: cueva de San Miguel.

Aquí estoy yo con la cascada grande antes de entrar al corredor que pasa por detrás.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Al principio del corredor se ven estas formaciones rocosas.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Y esta es la cascada desde atrás.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Sant Miquel del Fai: cascada.

Esta es la Plaza del Reposo con Josep Pla, un importante escritor catalán.

Sant Miquel del Fai: con Josep Pla.

Sant Miquel del Fai: con Josep Pla.

Preparándome para una mini expedición espeleológica.

Sant Miquel del Fai: probando cascos.

Sant Miquel del Fai: probando cascos.

La cueva de las Tosques es la más antigua de las cuevas del sitio. Está formada por rocas calcáreas y tiene vistas al valle…

Sant Miquel del Fai: cueva Les Tosques.

Sant Miquel del Fai: cueva Les Tosques.

Tarragona

Pues aquí estoy aprovechado el receso de Semana Santa para cambiar de rutina y ponerme al día con el blog. Esta semana no me levanto a las 6 para llegar a mi clase de inglés de las 8, alcanzar a ir al gimnasio antes de mi clase de catalán de las 12 y almorzar a las 2 antes de clausurarme en la biblioteca toda la tarde, hasta las 7, 8, incluso 9, excepto los martes que tengo clase del máster. Así que ando más relajado aunque igual estoy viniendo a una biblioteca del barrio y ya tendré que estudiar un poco también para aprovechar el tiempo.

En cuanto al blog, tengo varias salidas pendientes. Hará 3 semanas estuve en Tarragona, un pueblito costero de unos 140 mil habitantes a unos 100 km al sur de Barcelona, aún dentro de Cataluña. Resultó bastante interesante ya que conservan todavía ruinas de Tarraco, la antigua ciudad romana, que fueron declaradas patrimonio de la humanidad en el 2000.

La visita empezó por el Circo Romano, que me desconcertó bastante al principio porque no lograba verle la forma de circo que esperaba que tuviera después de haber visto el de Roma. Pues la cuestión es que lo que se ve hoy en día es sólo una punta de lo que fue. Los circos los usaban para carreras de carruajes. En éste cabían unas 25.000 personas. Lo que se ve en esta foto es la punta derecha, redondeada, y luego hay que imaginarse como se extiende hacia la izquierda por unos 325 metros, con 115 de ancho. Dicen que este circo es uno de los que mejor conservan sus estructuras arquitectónicas, claro que se necesita un poco de imaginación. De hecho, luego se construyeron casas sobre el circo y hoy en día se pueden ver restos en los patios de casas y establecimientos.

Tarragona: circo romano.

Tarragona: circo romano.

Aquí se ve lo mismo pero desde una torre por detrás. Así que se ven las gradas de la punta y luego se extiende hacia la derecha. Se ven también restos de la muralla medieval que bordeaba el circo en esta parte y en la esquina está la Torre de las Monjas.

Tarragona: restos de la muralla y el circo.

Tarragona: restos de la muralla y el circo.

Esto es lo mismo pero visto desde afuera. La Torre de las Monjas y la fachada del circo cubierta por las murallas medievales.

Tarragona: fachada del circo y muralla medieval.

Tarragona: fachada del circo y muralla medieval.

Esta es la bóveda longitudinal del circo. Bordeaba el circo por el lado interno y hoy se conserva una parte.

Tarragona: bóveda longitudinal del circo romano.

Tarragona: bóveda longitudinal del circo romano.

El anfiteatro estaba por fuera de las murallas y mucho más cerca del mar. Como tantos otros teatros y anfiteatros, éste también se convirtió en algún momento en cantera de piedra, luego se transformó en basílica visigoda y, luego del abandono causado por la invasión islámica, terminó siendo iglesia románica. De todo quedan ruinas.

Tarragona: el anfiteatro.

Tarragona: el anfiteatro.

Ésta es una panorámica del casco antiguo y la catedral.

Tarragona: panorámica.

Tarragona: panorámica.

De los 4 kilómetros de muralla romana que rodeaban a la ciudad, hoy sólo se conserva 1 que está en la parte alta. Está convertido en un paseo arqueológico con jardines, algunas torres y algunos restos de construcciones militares.

Tarragona: muralla romana.

Tarragona: muralla romana.

Del Foro queda poca cosa y los restos están casi engullidos por la ciudad alrededor. En pie no queda casi nada, sólo algunas columnas. El resto queda a la imaginación.

Tarragona: foro romano.

Tarragona: foro romano.

Tarragona: foro romano.

Tarragona: foro romano.

Y, finalmente, ésta es la catedral, iniciada en el siglo XII pero a caballo entre el románico y el gótico. Vista de noche, fin del paseo.

Tarragona: catedral.

Tarragona: catedral.

Mi ponqué

Así fue como llegó mi ponqué de cumpleaños: como proyectado en el espacio-tiempo por varios miles de kilómetros y un mes y medio en el futuro.

Mi torta adelantada de cumpleaños

Mi torta adelantada de cumpleaños

Barcelona bajo la nieve

Esto merece algunas fotos. Barcelona se cubrió de nieve hoy. Es algo bastante inusual. Ya por la mañana, cuando salí para la universidad, aunque no nevaba en Barcelona, el camino estaba bastante blanco desde las afueras de la ciudad. Luego, en la universidad, a las 2 de la tarde desalojaron las bibliotecas, a las 3 los restaurantes. No me quedó más remedio que volver a Barcelona.

Así se veía el campus antes de irme.

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Esta es mi querida hemeroteca. Hoy cerrada…

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Al llegar a Barcelona resulta que nevaba igual que en el interior. Hace mucho tiempo que no nevaba así aquí por lo que decían en televisión. El caso es que cuando llegué se veía nevar pero no se acumulaba la nieve. Entré a hacer algunas comprar a un supermercado y, al salir, las calles estaban blancas. La nieve empezaba a acumularse.

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

Así se veía todo desde mi balcón… No paró en todo el día, nevó y nevó y nevó. Obviamente, con todas las consecuencias que eso tiene en el tráfico, la circulación del transporte público e incluso en el suministro de electricidad. Hubo cortes de luz, trenes bloqueados, carros varados…

Barcelona bajo la nieve

Barcelona bajo la nieve

La universidad suspendió todas las actividades mañana por la mañana, aunque ya no debería haber nieve desde esta madrugada.

Y yo que pensaba que este año no iba a ver nevadas así de fuertes… Después de todo es bonito ver nevar, y la nieve antes de que se convierta en barrizal. Pero verla de lejitos, nada más…